Todo el mundo debería ver esto. Es una prueba de que los milagros existen.

A Kate Lucas siempre le encantaban los niños, y el hecho de ser mamá aún más. Ya era madre de dos hijos (una parejita) cuando, junto con su marido, decidió tener un tercero.

Todo iba muy bien, hasta un chequeo rutinario en obstetricia y ginecología, durante el que le fueron reveladas unas noticias sorprendentes: Lucas no iba a ser madre de su tercer niño. También del cuarto, ya que llevaba mellizos.

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Sin embargo, también descubrió una complicación. Los gemelos han surgido de un solo óvulo, pero lo hicieron relativamente tarde, durante el proceso de ovulación. De hecho, el médico le dijo a la mujer que si lo hubieran hecho incluso un día más tarde, habrían sido hermanos siameses. Al final resultó que esto no pasó, pero el médico advirtió a los padres de que podían compartir el saco y líquido amniótico. Por consiguiente, la posibilidad de que sus cordones umbilicales resulten enredados era muy grande.

Los hermanos que comparten el saco amniótico se conocen como los gemelos Mo-Mo. Sólo 1% de todos los gemelos tiene este rasgo, y todos ellos nacen con varios riesgos potenciales. La mayor preocupación tiene que ver con el hecho de que si los cordones umbilicales se enredan, pueden terminar aplastados. Esto significa que el oxígeno y los nutrientes no llegarían a los niños, y su desarrollo podría resultar distorsionado, o, incluso, podrían morir.

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Después de conocer las noticias, Lucas tuvo que enfrentarse a toda la cola que esas traían. Se monitoraba de forma regular la salud de ella y sus hijas mediante escaneos semanales, y en la 28. semana del embarazo la mujer fue examinada en una observación más estrecha. Mientras tanto, se controlaban los cordones de los niños (que de verdad resultaron trenzados) y se les suministraba esteroides que ayudaban a sus pulmones a desarrollarse y funcionar.

A los 32 semanas del embarazo, a Kate le hicieron una cesárea, ya que el parto natural podría traumatizar tanto a la madre, como a los niños. Dar a luz con los niños prematuros, durante una cesárea de alto riesgo era algo alarmante, pero las nenas nacieron respirando fuertemente y gritando a voz en cuellos. Además, continuaron respirando solas: no necesitaban oxígeno ni medicinas especiales.

Examinar los cordones umbilicales era algo verdaderamente asombroso. Los dos formaban una gruesa y enmarañada trenza. Después de pasar aún más exámenes médicos, la familia pudo reunirse en casa. Hoy, ocho años más tarde, las gemelas llamadas Harper y Cleo están muy bien.

Las niñas son muy unidas y no padecen ninguna enfermedad, a sus ocho años de edad. ¡Sus padres no pueden sentirse más afortunados!

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Además, las hermanas son verdaderamente elegantes.

La historia de Kate Lucas, aunque horripilante a primera vista, terminó de manera feliz a pesar de todos los obstáculos. Ahora cuando todos sus niños son ya bastante grandes, su madre opina que el hecho de que las gemelas nacieron juntas ha facilitado muchas cosas.

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